Miro por la ventana, volvió a llover. Clima de mierda. Lo peor de la lluvia no es solamente el encierro. Es el paisaje tétrico que se ve por las diminutas ventanas. Solo algunos boludos son capaces de salir a enfrentar el agua. Poetas, idiotas, bohemios, no se. Pero alguna mierda tienen en la cabeza. Enfrentar la lluvia. Dicen que te resta al menos 10 años cada lluvia. El doble de lo que te resta una hora de sol. Siempre me acuerdo de Claudia. Amaba la lluvia. Si tan solo me hubiese escuchado, quizás hubiésemos vivido mas días. Puta lluvia. Ilusiona a la gente, da esa sensación de estar lavándote hasta los huesos. Y de hecho, lo hace. Lo peor de la lluvia no es el encierro. Es la ilusión. Cierro las cortinas. No voy a ver a esos idiotas malgastar sus días mirando al cielo. La lluvia ya me trajo a Claudia y ahora va a tardar en secarse. Como sin pensarlo voy hacia el sillón, aun están sus fotos. Saque todas en las que salía enferma. Se rió hasta en los últimos discos. Linda mina. Se me fue entre los dedos. Se le escapo la vida una tarde, creo que era miércoles. El pelo mojado echado hacia atrás. La mueca de su belleza. Sus ojos, ahora mas celestes. Y su boca, descolorida. Una imagen pintada de grises de quien fuera alguna vez hermosa. Ese día me miro todo el tiempo. Sostuvo mis manos con una fuerza inhabitual. Firme. No estaba aferrandose, estaba hablando con su piel. Estaba dejándome bien firme. Todavía puedo sentir en mis manos su huella. Cierro los ojos y la veo acercarse. Vuela, hermosa, y habla. Y canta una canción donde dice mi nombre. Su aroma, ha vuelto. Claudia y su alma, han vuelto. Me rodea, me abraza y yo no puedo cubrirla. Es enorme, es eterna y da vueltas a mi alrededor. Su pelo aun esta mojado, y llega a salpicarme. Sus ojos. Su boca. Es ella. Es ella tocándome con sus manos, ahora suaves y rosadas. Doy vueltas, trato de no perderla de vista. Temo que se vaya nuevamente vaya a saber hasta cuando. Su frescura. Puedo sentir que aun me esta amando. Y me abarca. Esta fría. Elevo mis brazos para tocarla, pero solo ella decide acercarse caprichosamente. Sigo dando vueltas. Ella también. Me toca. Me habla. Con sus dedos cierra mis ojos. Puedo sentir su presencia. Remolinos. Sus húmedos besos. El cuerpo me pesa, quisiera volar como ella, ser sutil, etéreo.
Un trueno me vuelve a la tierra. Estoy empapado. Sentado en el sillón. Afuera sigue lloviendo. Puta lluvia. Ahora voy a tardar en secarme.