miércoles, 14 de noviembre de 2007

Alguien vio a Zaury?

los enemigos del mundo no son tan grandes, pero si son temerarios. vuelan rápidamente por nuestros cielos y poco se animan a mostrar su rostro. ellos dicen que aun no es el tiempo. que los hombres no están preparados para morir dignamente. tan preciado botín, debería ejercer cierta resistencia. a veces, posan sus manos en la tierra y se llevan algunas vidas, pero solo para mantenernos despiertos. para que sigamos mirando con desconfianza hacia el cielo. no es el ataque que planean desatar. ese día, sus alas crearan noches rápidas seguidas de muerte. nadie sabe que es lo que los demora. nadie sabe porque no muestran su rostro y nadie sabe como los recibirá cuando su vuelo termine. ese delicada situación, debo decirlo, nos ha beneficiado. vivimos cada hora, sin saber si llegara a ponerse el sol. o si será esa la noche soleada de los Ángeles negros. la constante amenaza nos ha convertido en un pueblo sin tiempo. sin esperanzas. sin obligaciones superfluas en nuestra vida. y todo lo que hacemos, tiene el carácter de definitivo. los hombres sabios que hablan en las colinas saben que es lo que mantiene alejados a los Ángeles. guardan en sus marcados rostros, la pared que detiene a los Ángeles de nuestro fin. nunca desean hablar de ello, y cuando le hemos preguntado, esquivan sus ojos y miran al cielo. en el pueblo rondan algunas leyendas sobre cual es el secreto que nos mantiene vivos. algunos dicen que es una llama candente, que se ha mantenido encendida en las cuevas de los sabios, al resguardo del viento de y de la lluvia. otros dicen que hay una maldición sobre las aves mortales, que les impide recordar cada nuevo día, el odio que nos tienen. cuando finaliza cada jornada, vuelve su memoria a atormentarlos pero es demasiado tarde para volar hacia nuestras casas, el sueño los demora y los pierde. una noche, al salir de la ceremonia de bienvenida a la luna azul, extendí mi retorno a casa, quería subir alguna de las colinas que rodean nuestra villa, para ver como se iluminaba la noche con esa extraña y oscura luz lunar. camine por el sendero que lleva a las cuevas de los sabios, y a la mitad, detuve mi marcha. improvise un lecho y me quede mirando el pueblo. podía ver las casas vecinas a la mía, todas apagadas, todo quieto. como el campo de batalla de un ejercito vencido. la luna reinaba en el cielo, o al menos eso pareció. algunas nubes enfrentaban al viento y resistían su camino. algunas de ellas, parecían realmente marchar en dirección contraria al resto. llamo mi atención el curioso movimiento. no tarde mucho en darme cuenta de que no eran nubes. eran ellos. como los niños que juegan al calor de los veranos, las aves negras improvisaban un baile oculto en el cielo. estuvieron por un rato jugando, pude definir algunas parejas de seres alados que parecían perseguirse unos a otros. elevaban su vuelo, cortaban las nubes y luego volvían a aparecer como si fueran las manos de una tormenta viva. mientras los observaba, intentaba mediar entre los recuerdos de toda una vida a la intemperie de estos demonios, y la visión que ahora estaba presenciando. no podía creer que las criaturas que un día terminarían con todos nosotros, hoy estuviesen jugando como niños. el juego pareció terminar, y se formaron caprichosamente mientras empezaron a dirigirse hacia las colinas donde yo los espiaba. volví a temerles, me sentí totalmente expuesto, aunque no supe que me había delatado. su marcha fue directa y silenciosa. que es lo que los había alertado ? cual habría sido el motivo del fin de sus juegos? quizás ahora empezarían otro juego, el de cazar al intruso. seria yo una victima mas de las que siempre nos mantenían despiertos. el secreto de su juego, no podía revelarse, quizás todas las almas que se habían llevado, eran espectadores inesperados de su danza. elevaron nuevamente su vuelo antes de caer hacia mi, no bajaron todos, vi solo a dos de ellos, relamiendo sus bocas y preparando sus garras. intente golpearlos con una piedra que pude tomar del suelo, pero era sabia que seria inútil. el primero bajo a mi espalda y clavo sus garras en mis hombros, y ya no tuve mas brazos para defenderme. sentí la roca caer al suelo. el segundo bajo en frente mío, y antes de clavar sus dientes en mi pecho y hacer eterna mi noche, pude ver sus ojos. pude ver su rostro. su marcado rostro. realmente los viejos de las cuevas sabían cual era el secreto de las aves negras.

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