miércoles, 14 de noviembre de 2007

Derion a 5 días del fin
En el quinto día antes de la muerte de Derion, los habitantes de Badula, trajeron tigres blancos que podían caminar con sus patas traseras únicamente. Palomas que podían volar en círculos y volver a las manos de sus amos, y hasta 6 grandes ratas que improvisaban coreografías e imitaban a los tigres. Los habitantes del pueblo, limpiaron sus frentes agregando sobre sus puertas, las flores de Batij, quería por Derion. Los perros de la ciudad fueron vestidos con grandes atavíos y a los niños se les dio espadas de madera y se les enseñaba a caminar con portes de monarca. Las parejas de novios que habían nacido en la primavera, usaban una guirnalda roja en su cuello, y quienes habían quedado viudos en esa estación, se identificaban con un sombrero azul. De los visitantes que habían asegurado su presencia en la muerte de Derion, eran parte los hombres nieve de Claduri. Este misterioso pueblo habitaba toda la cordillera oeste. Eterno campo blanco. Se decía que los Claduri eran domadores de nieve y que la llevaban a cualquier lado donde fueran. Con instrumentos musicales desconocidos, podían movilizar grandes espacios de un lado hacia otro. Muchas veces se los acusaba de los derrumbes en los pueblitos al pie de las montañas, pero ellos sabían decir que la nieve no siempre se acostumbraba a vivir donde caía. La corte del rey tenía una mirada iluminada, pero todo su cuerpo demostraba el pesar de la partida. Los sabios entendían la desicion de Derion de morir aquel día.


A 4 pasos del ultimo aire
En el cuarto día antes de la muerte de Derion, todas las flores de los caminos aledaños a las 3 entradas, formaron un sendero que nacía en las puertas orientales del palacio y terminaba al pie del río blanco. Tenía algunas paradas en la fuente de los besos, en el gran árbol de la lluvia, en la casa de los sabios ciegos y en la tumba de Mudri, amor eterno de Derion, quien había decidido morir antes, y de manera menos premonitoria. Dicen que el agua se la bebió una noche y que solo su corona fue vista salir del otro lado del río. El perfume de hierbas huérfanas acompañaba el aire fresco de aquel día. Nadie vio a Derion, pero sus mas allegados cumplieron con los rituales de reír toda aquella jornada, solo para que Derion supiera que, su muerte era bien recibida por todos. Los pájaros que se habían atrapado en los campos, fueron adiestrados para entonar solo las partes mas alegres de sus trinos y se enviaron 2 hombres a cada uno de los pueblos cercanos con el mensaje de que Derion moriría en 4 días, que nada podría cambiar ese final y que, como era la costumbre, se debía celebrar al menos en menor escala, el poder infinito que ejercía el hombre sobre la muerte y el tiempo. Alguien debía en cada pueblo, entonar una canción a cada golpe de hora y una mujer cuando la luna asomara su cara (en las ocasiones donde el futuro muerto elegía para morir un día previo a la noche desnuda de cualquier luna, el canto de la mujer debía hacerse acompañada de 3 o cuatro mujeres mas, preferentemente viudas y de aspecto saludable)En el cuarto día antes de la muerte de Derion, solo se comieron frutas de la estación, se liberaron todos los animales apresados en las trampas, y los peces que morían en la costa, fueron devueltos al mar.

A tres soles de la noche

Tres días antes de morir, Derion hablo con todos los niños del pueblo. Habían sido formados a la salida de la sala principal, y cada uno compartía con Derion algunos minutos. La creencia de que la sabiduría era vecina de la muerte, era aprovechada por los niños con algunas palabras del próximo difunto. Si bien nadie lo indicaba, nunca se revelaban los mensajes dados por el visitado, pero cada uno sabia de que a los tres días de morir, un hombre descansaba en la morada del saber y la tranquilidad. Por la tarde, casi todos los invitados a la muerte ya llegaban al pueblo. Menos los músicos de las montañas nevadas. Ellos entrarían recién cuando la vida abandonase a Derion. En realidad, era una pena que el homenajeado no pudiese escuchar a los músicos. Los hombres de Claduri habían preparado sus canciones de muerte. Poemas rítmicos que hablan de la muerte y su debilidad. El no poder resistirse a las heridas, la soledad, los años. Nunca hubo ocasión en la que la muerte faltase. Siempre llegaba a tiempo. De eso se trataba el ritual de Derion, de adelantar la muerte, de modificar sus planes. Un hombre como Derion, viviría, seguramente, hasta los 130 años, como todos los de su raza, aunque, solo para demostrar que estaba por encima de los poderes terrenales, aceleraba su paso, sometiendo a la muerte a caminar rápido hacia su lecho. Las canciones de los hombres nieve, mencionaban a grandes seres que habían sometido a la muerte. Y exaltaban su valor y determinación de finalizar sus días y cegar sus noches. Habían armado su campamento a las afueras de la ciudad, y solo se podían escuchar algunos acordes, los que utilizaban para atraer animales y llamar a las estrellas. El fuego completaría la orquesta y la luna, se acercaría más, para escucharlos. Pero no Derion, el, cuando el sol se ocultase, saludaría a los astros, puesto de que ahí en mas, no los vería mas, al menos, no desde la tierra.

La muerte no es otra cosa que un circulo cerrado.

En la penúltima mañana, se acercaron a la casa de Derion, todos quienes tenían algún asunto pendiente con Derion. Al igual que los niños el día anterior, formados a la salida de la sala, cada uno esperaba su turno. Nadie preguntaba cual era el motivo de su presencia, aunque algunas veces, ciertos personajes, portaban cierta fama en base del acontecimiento que los unía con Derion. El sembrador de bueyes, se sabía, debía a Derion el hallazgo de dos de sus hijos, perdidos en la tormenta del invierno pasado. El más joven integrante del consejo de sabios, había recibido algunos consejos de Derion que lo habían llevado a perdonar a su esposa. Un hombre de la tribu de los salvajes, estaba allí para agradecerle, por última vez, los secretos rituales brindados por Derion, que habían ayudado a vencer la muerte de su esposa, mordida por dos víboras durante un sacrificio. Los cosechadores de agua, los “aves negras” del oeste. Seis habitantes de las costas azules Balccimas, dos pájaros reales, un tigre nevado y un viejo sauce. Cada uno, con algo para agradecer o para ser agradecidos por Derion. De la misma forma que los niños, todos salían callados y en paz. No revelarían a las personas del pueblo, cual había sido el resultado de aquella visita. Pero era sabido que sus corazones podían descansar. Por la tarde, llegaban las mujeres que habían amado alguna vez a Derion, y que no habían sido correspondidas. Nadie se asomaba a la calle en aquellas horas, para que las damas permanecieran en la oscuridad. Todas las familias se acostaban a dormir apenas caía el sol, entonces, las mujeres que habían sido heridas por la indiferencia de Derion, podían salir, a hurtadillas, de sus casas y hablar con Derion, confesar su amor, o escuchar los motivos de la no respuesta. En la penúltima noche de Derion, se podía ver una sombra iluminada en la terraza, caminando hacia los cuatro puntos del pueblo. Cuando todos estuviesen en sus hogares, Derion a pie o montado, caminaría cada una de las calles, dejaría una rosa en la casa de las mujeres que el había amado y que nunca había compartido dicho amor. Desde las afueras del pueblo, los músicos tocarían una suave melodía que opacaría los cascos de los caballos y sumiría en un sueño sin tiempo a quienes aun permanecieran despiertos. La penúltima luna de Derion diría adiós a sus ojos oscuros, y una suave brisa despeinaría las nubes para formar en el cielo el mapa del próximo sendero. Todo allí compartiría la partida. Todas las almas, de alguna forma, morirían pronto. Todo amor renacería en un fantasma. Todo dolor renaciera como dolor. Y toda deuda seria saldada. Nadie vio, en la profunda noche, la calida luz, cercana al río, de una rama de plata, bañada en rocío. Ultimo testigo del último paseo.

Derion, su fuego y la noche
El día, hasta pareció raro, el aire se negaba a ser respirado y los pájaros susurraban las canciones. El adiós era ya grande y sabido por todos, Derion debía abandonarlos, una vez mas y de nuevo para siempre. Miles de almas corriendo en silencio para abrazar la morada de quien moriría. Como si quisieran y pudieran evitar el final, se apretaban y miraban con sentida aprobación. La música glacial, los animales parlantes, los artistas desconocidos e involuntarios. Los sentimientos se encontraban en el ojo del huracán de cada aldeano. Derion decidió cerrar los ojos y caminar a ciegas, para no mirar todos los rostros amados, para no ver en sus lagrimas, las suplicas de sus almas, no sabría interpretar sus miradas, y elegiría mal. Su destino, escrito mil veces llamaba ahora a su acto final. Y el acudiría sin falta a la eterna cita con la oscuridad y el viento.
Miro sus pies, recordó mil batallas recorridos con ellos, cuantos miembros había cortado con sus piernas? Ahora, quienes estaban vivos, volverían a sentir aquel calor. Sus pies desnudos, comenzaron, una vez mas, la llama que quemaría todos los pecados y bendiciones de Derion. La llama era de color naranja y a veces, rostros azulados, bien venían a Derion. Sintió quemarse de a poco, no era tanto el calor. Le molestaba mas la sensación de ir derritiéndose, de ir perdiendo su forma, su estructura. Su pecho ardió, llevándose todas las caricias que había recibido de quienes habían amado, y fuera, miles de manos ardían y hasta algunos sintieron quemar su boca. Alzo sus brazos para que las llamas trepen a su rostro. Afuera, todo el mundo se sintió tocado por el infierno. Los músicos, apenas podían seguir el ritmo de las canciones de la muerte. Los animales corrían hacia la selva y volvían. Pocos pájaros pudieron abandonar los árboles cercanos y solo algunos niños quedaron de pie. Todo roce con la mano de Derion, dejaba ahora una marca eterna en la piel de quienes habían sido tocados por sus formas. Sintió arder sus ojos y vio como el paisaje alrededor se derretía. Sintió las llamas acceder a sus recuerdos y sus pensamientos. Y afuera, el mundo ardía. Poco quedaba de todo su cuerpo, solo las imágenes del mundo que había gestado, permanecía en el centro de su atención. Invadido y absorbido por las llamas, el ultimo aliente de Derion, quemo el aire que rodeaba a sus cenizas. Nada quedo del pueblo, de los músicos de las montañas de hielo, los animales, los árboles, y los aldeanos. Todos dejaron el mundo que también se convirtió en la noche espesa. Y así todo quedaría, hasta que otra deidad despierte a su destino.

No hay comentarios: