Sentía esas burbujas en las venas, sentía la música que lo invitaba a irse, irse de si mismo, estar y partir, gritar y reír. Las luces del lugar no hacían otra cosa que oscurecerlo todo. "aquí todo te incita a perderte, un montón de gente sola, que se agrupa esperando rescates simultáneos de sus vidas" pensó. Rió, pero sabiendo que estaba ahí también.
"hoy seré el viento que rompa tus anclas, hoy te llevare lejos de vos, y me disfrazare de salida" apuro el vaso, a la velocidad que bebía el vodka, se tornaba mas seco, mas amigable, pronto ya no seria mas un árbol, pronto podría salir a buscar alguna vida para colorear. Reconoció algunas caras que había saludado antes, reconoció algunos cuerpos que había quemado. Se imagino un ritual de seres que no creen en nada. Un sacrificio con el fin de agradar a si mismos. Una vidriera de artículos gratis y se pregunto cuando fue que decidió ser parte de eso. Pensó que si volviera luego de años sin asistir, todo seguiría igual, las mismas caras, los mismos cuerpos, y sin embargo, también tenía la sensación de no querer perder un segundo de esa aburrida película, que tanto le atraía. Decidió que era el momento de cambiar la trama y se preparo a salir a escena. Miro hacia los costados, solo por si algo le atraía más que la muchedumbre que bailaba. Nada. Nada que prometa un escape, nada que parezca nuevo, nada que parezca bueno. Allí arriba quizás, una cabellera rubia, extendida sobre una espalda descubierta que finalizaba en dos piernas demasiado largas para un solo beso. El movimiento que sugirieron sus pensamientos viajo a velocidad invisible hasta ella, quien sintió, de dos o tres formas, que alguien había puesto sus ojos allí. Con un movimiento descortés pero delicado de cadera, devolvió el saludo, invitando a esos ojos, y todas las intenciones que los rodeaban, a unírsele en un baile que, sin respetar la música, se alineaba con sus más profundos deseos. Acepto. Beso el último sorbo de vodka del vaso, lo dejo sobre la barra y elevándose, libero el lugar para dirigirse a desprender del suelo a la bella mujer. Hablaron con sus manos, ordenaron sus cuerpos para crear una danza nueva, un baile que iba mas allá de la música, un baile visual que erizaba algunas pieles e incendiaba sus mentes. Envidia de todos los que estaban allí, supieron que esas almas habían despegado, el ritual había tenido éxito. Pronto desaparecerían, fugazmente, para concretar lo que sus cuerpos ahora invitaban. Antes del delicado movimiento que confirmaba la salida, no querían dejar el lugar sin saber como se llamaban los cuerpos que pronto unirían. "yo soy carla" dijo la rubia. Ya sabía que nombre gritaría en el clímax del próximo baile. Y le dio su nombre, para que también lo susurre entre los besos por venir: "yo soy ana"
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