miércoles, 14 de noviembre de 2007

últimos segundos

Abrió nuevamente los ojos, un día más. Los primeros pensamientos lo llevaron a los últimos días, el viaje en el tiempo era hacia el futuro en los enamorados, y hacia el pasado para los infelices. Solo pocos segundos le permitieron ponerse al día con su situación. Recordó aunque no quiso hacerlo, repaso sus episodios más dolorosos sin poder detenerlos. En su mente las escenas concentraban lo peor de sus días. Todo el descontento hacia sus padres, que no le hicieron faltar nada, excepto el amor.
Pensó en que cambiaria todos sus juguetes por un par de frases cariñosas de su padre. Pensó en todos los intentos de lograr la felicidad del amor eterno, y sufrió. Sus palabras más dolorosas, escupidas en los lugares más fértiles. Las acciones más inoportunas, perfectamente registradas en el momento menos planeado. Y las interminables lágrimas vertidas por seres que no merecían el más mínimo gesto. El sentimiento de que poco es lo que pudo ofrecer y pocas las personas que se acercaron a verlo. La constante y familiar sensación de no pertenecer a ningún lado. Y luego, el pobre ensayo de ser padre y sus constantes equivocaciones. Absorbido por la impotencia que nos da el pasado, vio cometer los mismos errores que su padre, con sus hijos. Y vio a estos, incomprendidos como el, desear cambiar juguetes por caricias. En su mente, y como acto final, llego el momento de los recuerdos de Giselle. Su alegre aparición en su vida, y el, comenzar a arruinar una tras otras las calidas mañanas que los vieron amanecer a veces juntos. La vio llorar en su cama, y fuera de ella, pudo sentir el corazón de ella, iba muriendo en esperanzas que no se cumplirían nunca. Pudo sentir su hastío y desilusión. Y pudo sentir la liberación que Giselle sintió al dejarlo. Sabía que ella era ahora feliz. Llego a la conclusión de que todas las personas pudieron ser felices en cuanto lo dejaron. Llevándose de el, los recuerdos mas sombríos de sus vidas. No era otro que un coleccionista de penas. Propias y causadas por el. Se sintió vació. Sintió que estaba tan solo en el mundo que, nadie, ni siquiera sus hijos, extrañarían su, si es que se podría decir, presencia. Su mente suspiraba ideas y conclusiones sobre el constante desvío hacia la infelicidad que había sido toda su vida. Las montañas de soledad, nunca habían mostrado su paso secreto y tampoco habían ofrecido compañía a su anfitrión. Tuvo la necesidad de terminar con todo. Tuvo el impulso de acabar con todo ese montón de dolor que le atormentaba más allá de la sensación de tiempo. Como pocas veces se levanto del sofá que era ahora su dormitorio. Su mano busco en la parte superior del mueble del comedor, y encontró el viejo revolver heredado de su padre. Siempre lo dejaba cargado, por si algún día lo necesitaba. Hoy era ese día. Su boca se acomodo, una vez mas, al caño negro, punto de partida de su interminable viaje. Pensó una vez mas en su padre, en sus hijos, en Giselle y al ultimo, siempre al ultimo, pensó en el. Quienes vendrían a verle una vez muerto. Nadie. No tuvo que pensar en disparar, todo el universo hizo fuerza para empujar el plomo. Luego la nada, el silencio, por fin, el no pensamiento. Espero ver algún cambio, pero nada apareció. Perdió sus sentidos, pero gano percepción. Empezó a sentir como si volviese a tomar forma, peso. Y le gano el cansancio. Volvió a querer dormir y apenas creyó cerrar sus invisibles ojos, tuvo la necesidad de mirar y vio. Abrió nuevamente los ojos, un día más. Los primeros pensamientos lo llevaron a los últimos días, el viaje en el tiempo era hacia el futuro en los enamorados, y hacia el pasado para los infelices.

Una vez más, vivió sus últimos segundos en vida.
De todos los poderes con los que fue cubierto el diablo, es la ironía, lo que más lastima a las almas condenadas. El infierno infinito parece interminable...

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