miércoles, 14 de noviembre de 2007
Callarse no es escuchar
La plenitud de quien no necesita a nadie, la felicidad de la soledad, a veces quisiera ser como esas personas que pueden desprenderse de las cosas que les hace bien, solo por el hecho de que no se quieren perder en la felicidad. La alegría que asusta, el vacío lleno de días soleados. La luz, escapemos de la luz que brilla dentro de tooodas las noches que me forman. Algún día debería encontrar algo maravilloso y dejarlo, y que otra persona, menos feliz que yo, lo tome y siembre su corazón con sueños. Algún día voy a generar sensaciones únicas, voy a ser fértil a las promesas, voy a seguir planes que van mas allá de mis voluntades, y luego, cuando me convierta en la vela del barco, en el puerto, el mar y el mismo viento, dejare caer mi ancla, detendré todo movimiento y le pediré que siga solo. Que otras estrellas, mas tristes, me guían a destinos mas opacos, pero que se acomodan mas a mi deseo de tranquilidad. Voy a sentirme completo solo para desear no serlo. Voy a encontrar lo mas preciado, solo para disfrutarlo y decirle que no lo necesito. Debería haber aprendido algo en todos estos años, cualquier cosa, debería haber aprendido a detectar estas personas, y sobre todo, salir corriendo hacia otros lados. O quizás, debería haber aprendido como lo hacen, como pueden separarse de sentimientos que unen. Cuanto mas es lo que se debe sufrir para no desear mas ser feliz? Cuantas lagrimas deben ir cayendo hasta que uno deja de llorar alguna vez por alguien? Cuantos latidos en falso debemos dar, para frenar nuestro corazón? Me voy a quedar en la vereda, esperando a que alguna persona se vuelva hacia mi, y me pida un viaje. Debe haber alguien fuera, que simplemente este buscando y que cuando lo encuentre, no lo suelte. Hoy pensaba que uno se da cuenta de una mentira, hasta el momento previo de que aprende a mentir. Supongo que también, a veces, uno quiere tanto, tanto tanto ser feliz, que deja de buscarlo, cuando lo es y ya no lo es mas. Son estas felicidades que a uno le dejan en las manos, que hacen de uno una persona sin mayores pretensiones de la vida que solo la tranquilidad. Personas que no quieren agitar el agua de sus destinos, solo la tranquilidad de lo superfluo. Los lazos débiles, la vida en 3 colores. Los besos puntuales y reglamentados, las conversaciones pactadas. Los sobresaltos predefinidos. No me quieras mucho, porque puedo empezar a quererte y eso es el comienzo una felicidad que simplemente, no espero. Mi vida es lo suficientemente simple, como para complicarla con la alegría, no quiero aspirar a que mejoren mis días, solo quiero no arriesgarme a nada mas. Solo quedándome quieto, se que no me voy a perder. Puedo decir que estoy atascado en los sentimientos mas pobres, pero que al menos, el desengaño no va a ser una de mis penas. Y quizás la vida me pase por encima, simplemente porque mi reacción sea siempre la de no dirigirla hacia ningún lado. Las personas pueden tomar decisiones por mi, por saben que las únicas decisiones que puedo tomar, son las que me separen del movimiento, del ruido de los besos, de la intranquilidad de los sueños. La felicidad de la nada. Eso es lo que busco. Quizás, si yo fuese así, podríamos vivir eternamente una vida sin sobresaltos, sin alegrías, sin esperar de los días nada mas que la noche, y de las noches, el día. Viviríamos nuestra soledades, corazones silenciosos, de la mano, seguro, pero sin sangre por nuestras venas. Quizás, si fuera como vos, podríamos crear un inmenso castillo, con bases tan firmes, como para derrumbarlo todo los días.
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