miércoles, 14 de noviembre de 2007

una extraordinaria e invencible fe en nada

Habíamos encontrado al ser alado en el costado izquierdo de la montaña Adril. Primero pensamos que era una de las grandes águilas que habíamos visto cruzar la hilera de montañas de la derecha del cordón. Había caído estrepitosamente y dejado una buena marca en la rígida nieve, piso natural de esas alturas. Se encontraba malherido pero conciente, y a pesar de su apariencia, se mostró mas sorprendido que nosotros, del encuentro. Un ser, aparentemente alto, ojos oscuros pero de tez blanca. Unas ropas grises cubrían parte de su cuerpo, y otra parte, se erguía de su espalda, y era lo que mas atención quitaba a nuestras miradas. Alas. No estaban formadas por plumas, pero definitivamente eran alas. Y dadas las circunstancias, solo podría haber caído del cielo. Un ser alado, caído del cielo. Ensayamos algunas frases, en distintos idiomas, inclusive nuestro guía, quien había hablado muy poco hasta ahora, pronuncio largas frases de bienvenida, supongo, en tibetano. Probamos en ingles, francés y un poco de español. Pero el ser alado no mostró ningún signo de comprensión, ni de incomprensión. Bebió algo de agua y trato de reincorporarse. Bietl y yo le tomamos los brazos y pudo finalmente salir del hoyo que había causado su caída. Efectivamente era un ser alto. Lentamente comenzó a desplegar sus alas, lo que hizo que retrocediéramos un poco. Llegaron a su máxima extensión, calcule unos 5 metros aproximadamente entra las 2. Flexiono sus piernas y se preparo a tomar vuelo. En el momento donde todos esperábamos que se elevara, se dio vuelta, nos miro condescendientemente, debemos haberle parecido un grupo de bestias asustadas. Abrió su boca y su vos sonó extrañamente clara, teniendo en cuenta el viento que nos castigaba a esa hora. “No provoquen la ira de Dios, Ella los hará caer desde cualquier altura”

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