miércoles, 14 de noviembre de 2007

La gran pared.

"...siempre quise saber quien soy, descubrirme, no tener misterios, he preguntado, he buscado quien me diga como soy, pero solo he recibido su visión de lo que soy, cada uno me ha dado un pedazo de lo que me forma, una parte de la completa verdad que represento, verdad que me elude. Con cada respuesta que obtengo, nace en mi la sensación de que esta incompleta y de que soy algo mas, soy un poco diferente a lo que los demás creen, y se, tristemente que hasta que no logre acercarme a mi realidad, seguiré buscando, eternamente, quizás mi vida no sea otra cosa que eso, buscarme..." Llegue nuevamente al atelier de Nicolai, serian estas las ultimas sesiones, y quizás en poco tiempo estaría listo el trabajo que tanto tiempo me había llevado, mas tiempo de lo usual, Nicolai había entendido mi obsesión por el reflejo de la realidad, mi pedido de que la pintura fuera perfecta, había hecho demorar el resultado final. Celoso era Nicolai de su obra, que a pesar de mis peticiones no había permitido que ojeara yo su pintura, hasta que esta no estuviera lista, lo cual, elevaba mas mis deseos de terminar. Ingrese al taller, acompañado de la criada, que gentilmente me guió donde estaba Nicolai, a pesar de que bien sabia yo el camino. Sin embargo, algo distinto note en el aire, había equipajes en el hall, y un inusual bullicio venia desde el estudio. Aparentemente habían venido a visitar a Nicolai una hermana, con sus hijas, la mas pequeña, jugaba solitariamente en el piso del taller. Nicolai al verme llegar, dejo la taza de café, y se dispuso a que comenzáramos, una vez mas, con el cuadro. Miro la niña severamente y con una señal de su mano firme, le indico que abandonara la habitación. Supuse que un artista como Nicolai, celoso de su obra al punto de no permitir que se la viese antes de terminarla, menos dejaría que un niño pudiese molestarlo en el momento de creación. Por mas silencioso que este fuera, su sola presencia distraería al pintor. Aunque también creo que lo hizo por cortesía hacia mi, quizás pensó que me sentiría molesto yo, ante la niña. Presta al gesto de su tío, se dispuso a abandonar la habitación, pareció que su partida había estado ya pactada con anterioridad, no me sorprendería que Nicolai le hubiese dicho a sus visitantes que tenia trabajo en la tarde y que no deseaba ser interrumpido. La niña al levantarse, alzo una gran hoja de papel y unos lápices, probablemente suministrados por Nicolai. Fue en ese momento que, al ver a la niña con el papel y los lápices, me escuche decir "no me molesta que se quede", la niña me miro primero, y luego busco la aprobación de Nicolai, quien, buscando la aprobación de mis palabras y ante mi asentimiento, miro a la niña, la niña me sonrió y volvió a sentarse con sus lápices en el piso. Pero ocupando un lugar mas cerca del hogar, que intentaba sumar calidez a la gran habitación. Con la practica que me había dado las continuas sesiones de pintura, ocupé mi lugar, y espere a que el maestro estuviese listo. Pasaron las conocidas horas de silencio, solo que esta vez, no fue Nicolai el único que se movía en la habitación, puesto que la niña parecía muy entretenida en pintar el blanco papel, era gracioso verla, como una burda imitación de su tío, la niña adoptaba casi la misma posición de Nicolai, me miraba y volvía sus ojos al papel. Llegamos al final de la jornada, Nicolai me invito una vez mas a compartir un te, y una vez mas respondí que mis obligaciones no me lo permitían. Al tomar mi abrigo, la niña se acerco hacia mi y me ofreció el papel que había estado pintando durante nuestro trabajo. Curiosamente vi que el papel tenia un retrato, la particular versión y visión de un niño de lo que yo era, y entendí que durante toda la sesión, la niña había imitado a su tío, en sus movimientos y en el objeto de su trabajo. Tome el dibujo, sonreí, salude a Nicolai y partí a mi hogar, a mi eterna búsqueda, quizás un poco mas aliviada luego de esta tarde. -La lúgubre mansión daba la bienvenida a la fría noche y al carruaje de su morador, que se acercaba. Vladimir entro sin despedir al chofer, entro presuroso con su dibujo en mano, recorrió el largo salón y vanamente los espejos en la pared trataron de reflejar su forma. Por incontables años el ultimo de los vampiros había tratado de descubrir su rostro. Llego a su habitación y mientras colgaba su abrigo se detuvo a mirar la gran pared, busco un espacio vacío entre cientos y cientos de retratos recolectados durante años. Volvería la próxima semana al estudio de Nicolai y terminaría su retrato y seguiría buscando, eternamente, quizás su vida no sea otra cosa que eso, buscarse.

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